Un dominio .art es algo más que un capricho

Como puedes leer en la sección «Quién soy» y en mi perfil de Instagram, además de creativo en cuanto a obras, soy creativo en el terreno de la comunicación, donde llevo trabajando desde hace más de quince años.

Recuerdo como si fuera hoy el día en que compré mi primer dominio con mi nombre, para apuntar a un blog en el que pensaba que publicaba ideas que merecía la pena compartir, y el devenir de la vida me hizo publicar un libro en 2014 con las que pensaba que eran los mejores artículos.

Aquel primer dominio aportó valor al contenido, ayudó a encontrar aquella primera página web en Internet y creó una reputación online que me hizo llegar a donde nunca pensé que llegaría.

Disculpa este rollo introductorio, pero resulta que algo tan sencillo como un dominio, una dirección web, es como una puerta de entrada con un cartel luminoso, y a las personas creativas a veces nos cuesta concretar, dar por finalizado un cuadro, o quedar satisfechas con el trabajo que para otras personas es interesante. Algo así me ocurrió hace unos días, cuando me pregunté si hice bien en crear esta web y elegir el dominio «elartedeLaFleur«; en otra entrada ya dejaba caer que mi impostor me decía al oído que podía sonar algo pomposo, casi arrogante, pensar que lo que publico aquí es arte.

Y resulta que me dispuse a comprar un dominio .ART para unos amigos y —en mi línea de replantearme y cuestionarme todo—, pensé «¿Y si compro un dominio .ART para mí?«. Dicho y hecho.

El cuadro ‘Donne’s Inferno’, al que puedes acceder pinchando encima

 

 

Bueno, dicho y hecho no, porque como decía antes, la concreción no suele ser un fuerte de las personas creativas y di vueltas y vueltas a cuál podría ser ese dominio. Al final, como suele suceder con todo lo auténtico, fui a lo esencial, al nombre y al lugar que más ha influido en aquello que las personas visitantes van a encontrar en la web: Mallorca. 

La temática de muchas de mis obras, junto con la meta-idea que subyace en todo, como es la relación de las personas con las islas y como islas (desde la serie Lost, de la que tomo el nombre de LaFleur, hasta el poema de John Donne, que me ha servido para dar nombre a obras como Donne’s Inferno) tiene relación directa con la isla en la que nací, crecí, y a la que volví en 2013. Irónicamente, mi primera exposición fue en otra isla que no era la mía, pero isla al fin y al cabo.

Así, ahora esta web tiene dos puertas de entrada, como son elartedeLaFleur.es y la nueva dirección: LaFleur-Mallorca.ART. Quién sabe si con el tiempo no se convierte en el dominio principal, y no sólo en un capricho que no tiene nada de capricho.

Si estás buscando dominios para tu web, alojamientos, cómo construir tu web, escríbeme y hablamos.