
En la Badia de Palma hay muchos rincones que bien podrían ser exóticos parajes de zonas aún por explotar y prostituir.
Ver la casa de uno con ojos de visitante hace que todo resuene más, que un pequeño muelle concurrido de turistas y runners nos parezca un lujo, algo que pagaríamos con dinero y tiempo para visitar y hacérnoslo nuestro.
Luego, uno puede mirar esos rincones sin pensar en la posesión, sino en la estancia, en estar ahí y guardar ese trocito de tiempo.
Esta obra va de eso. De la estancia en lugares, con el fluir del agua, unas tablas fijas y alguien que mira hacia el fondo, quién sabe si para lanzarse o para saberse a salvo.
Y viene de una tarde en Cala Estància, junto a un amigo, para compartir esos pequeños espacios y tiempos.
Ficha técnica
Acrílico sobre tabla
10x15cm