LaFleur y nuestro impostor

Si has visitado la sección «Sobre mí» de la web, sabrás el origen del nombre de LaFleur. Hace unos días, pensando en qué frases podía decir en el Reel de presentación de mi web, me sobrevino una idea: el síndrome del impostor y cómo Ford/LaFleur mató al suyo.

No haré demasiados spoilers (aunque has tenido más de 20 años para ver Lost, y si no la has visto te invito a que empieces hoy mismo), pero el personaje de James avanza cuando logra eliminar a su impostor, a aquella figura que no le dejaba vivir su vida como realmente quería o necesitaba, y que tanto había buscado. Algo similar me ocurrió cuando empecé a pintar de nuevo, cuando me animé a crear el perfil en Instagram y, sobre todo, cuando amigos de hace años y otros más recientes, me insuflaron energía en forma de comentarios positivos (sabeu qui sou, gràcies!). 

Darme el nombre de LaFleur me iba a llevar a ideas, sitios y creaciones que no había esperado, y era como si —en mi caso, en sentido figurado— estuviera matando lentamente a mi impostor, eliminando aquel lastre que condicionaba todo lo que (no) hacía o no me atrevía a compartir. «¿Pero cómo me voy a definir como artista, si llevo dos días pintando?», «recuerda aquel vídeo en el que Iván Ferreiro se reía de quienes se autodefinen artistas cuando sacó aquel Confesiones de un artista de mierda«, «¿no suena pomposo definir lo que hago como ‘conceptual’?», «creo que lo que pinto es muy naif, y por eso tengo pocos likes» resonaban (y resuenan) con voz profunda en mi cabeza. No está muerto, no; todavía no.

Como en aquella bodega de aquel barco, poco a poco he ido emulando a quien después sería LaFleur, me he ido acercando a mi impostor, ignorando las frases afiladas que me lanza, y lo tengo encadenado.

Y esta web en la que ahora mismo estás leyendo estas líneas, es una de las cadenas más importantes para mantenerlo oculto en la bodega, en una isla perdida en la que pasan cosas.