
Unas guirnaldas y una noche veraniega de luna crean una atmósfera especial, en la que un@ quiere quedarse a vivir al menos por un tiempo.
La sencillez de una tira de bombillas atadas entre dos postes que no se ven, tal vez iluminando una cena, unas cervezas entre amigos o una noche de conexiones planetarias entre dos cuerpos, son un escenario que vale la pena guardar a modo de polaroid o de lienzo mini, para volver a visitarlo o a imaginarlo.
Y para las cabezas más arborescentes, incluso las bombillas parecen dibujar parte de la traslación del sol o de la luna a lo largo de un año desde ese mismo punto, y marcaría el paso del tiempo, en contraste con el estatismo de ese instante congelado.
Ficha técnica
Acrílico sobre tabla
10x10cm