
Vivir en Mallorca significa convivir con un paisaje dominado por los almendros, que llenan de blanco y rosado las montañas y campos a partir del mes de enero.
Las isofenas —mapas climáticos similares a las isobaras pero referidas a la floración y cambios en la vegetación—, condicionan ese calendario, y algunos años las flores se demoran y otros, entramos en el mes de febrero con pétalos en el suelo.
Este La fleur et l’abeille (La flor y la abeja) trata de reflejar la floración desde dentro o sobre un almendro, con una vista panorámica de un campo en el que falta un almendro justo delante, como un cortafuegos o como si una enfermedad hubiera obligado a retirarlo. Además, en la sección inferior derecha puede verse una abeja descansando, pues nos encontramos en el atardecer de un día entre enero y febrero, donde la humedad rociará los árboles y tocará resguardarse.
Al fondo puede verse la silueta del Puig Major tal y como se observa desde gran parte del Raiguer y bahía de Palma, y la sombra de un campanario y un pueblo, tan característicos del paisaje mallorquín.
Esta obra se enmarca en la exposición colectiva «Almendros en flor», organizada desde Art amb B y la Fundació Baleària, que se inaugura el 26 de abril en Eivissa y realizará un recorrido por las demás islas de Balears.
El nombre busca jugar con el nombre de «la fleur», y la belleza de «abella» («abeja» en catalán). En un principio pensé en titularlo «Be the Bee», por jugar con el verbo «to be» en inglés, pero el concepto de la fleur hizo que optase por la versión francesa.
Ficha técnica
Mixta sobre lienzo
40x40cm