
Y si pudiéramos,
dime,
jugar con la gravedad,
con las piedras que lanzamos,
con los saltos que ya no damos.
Pero ay, si pudiéramos
ver flotar aquellos lagos
que llenamos gota-a-gota
de lágrimas perdidas en la lluvia,
y fuesen esferas que contemplar,
que domesticar,
darles un nombre
y sacarlas a pasear.